Carta(s) de una americana II

12 de octubre, 2020


Heather Cox Richardson, 13 de octubre

De acuerdo a una proclamación de nuestro presidente, hoy es “el día de Colón” (Columbus day), el día en que celebramos “las innumerables contribuciones de Italia a la historia de los Estados Unidos”. La proclamación del presidente se lamenta de que “en años recientes, activistas radicales hayan intentado menoscabar el legado de Cristóbal Colón”, al sustituir  sus “enormes contribuciones” por discursos de errores, atrocidades y transgresiones.

La proclamación de Trump continúa de la siguiente manera: “más que aprender de nuestra historia, esta ideología radical y sus adeptos intentan revisarla, vaciarla de cualquier esplendor y etiquetarla como inherentemente siniestra. Lo que intentan es aplastar cualquier discrepancia de su ortodoxia”. También apunta a los pasos que él mismo ha tomado para “promover la educación patriótica”, al firmar la Orden Ejecutiva para la creación de un Jardín Nacional de Héroes Americanos, y establecer la “Comisión 1776, que alienta a los educadores a enseñar a nuestros niños el milagro de la historia americana, y a celebrar la fundación de nuestra nación”, y también por firmar la Orden Ejecutiva “que elimina de raíz la transmisión de conceptos de división racial en el lugar de trabajo a nivel nacional”.

A pesar de toda la atención que Trump pone en la educación patriótica, su proclamación resulta una clase de historia bastante mala. Dejando aparte su lavado de cara de los efectos del viaje de “descubrimiento” de Cristobal Colón, la proclamación no describe de forma correcta “el día de Colón”, que, en origen, tuvo mucho más que ver con la lucha contra el supremacismo blanco que con celebrar la “duradera significación” de Colón al abrir “un nuevo capítulo en la historia mundial”.

El presidente Franklin Delano Roosevelt instituyó oficialmente “el día de Colón” en 1934, pero la idea original de su celebración procede de la segunda década del siglo XX, cuando los “Caballeros de Colón” (Knights of Columbus), intentaron oponerse el resurgimiento del Ku Klux Klan enfatizando el papel que las minorías habían protagonizado hasta el momento en los Estados Unidos. A principios de la década de los 20, la organización publicó tres libros en su serie de “Contribuciones raciales de los Caballeros de Colón” (Knights of Columbus Racial Contributions), entre los que se incluían The gift of Black Folk de W. E. B. Du Bois. En ellos se rendía tributo a las contribuciones de los inmigrantes en los Estados Unidos, especialmente de los católicos, con desfiles en honor a Cristóbal Colón. Los Caballeros de Colón estaban determinados a reforzar la idea de que los Estados Unidos no debían ser una tierra para la supremacía blanca y protestante.

Las palabras de Trump sobre educación patriótica también suenan a hueco cuando las noticias del día nos permiten comprobar que la administración parece más interesada en permanecer en el poder que en proteger nuestro gobierno democrático.

Hoy fue el primer día de votación anticipada en Georgia, con un número récord de papeletas en las urnas: 126.876 votos. En las zonas demócratas del estado algunas personas tuvieron que hacer una cola de hasta diez horas para poder votar.

La contribución de Trump a la votación anticipada fue el siguiente tuiteo: “California se va al infierno. Vota a Trump!” y también: “Nueva York se ha ido al carajo. Vota a Trump!”, e “Illinois ya no tiene a dónde ir. Una pena, no? Vota aTrump!”. Una vez más, insiste en que tiene un plan de salud pública, aunque lleva prometiendo dicho plan desde antes de su nombramiento, y nadie ha visto de ello materialización alguna: “Tendremos un programa de salud pública MUCHO MEJOR que el ObamaCare, a MUCHO MENOS COSTE. GRAN REDUCCION DE LAS PRIMAS: LAS PERSONAS QUE YA ESTABAN ENFERMAS SERAN PROTEGIDAS, INCLUSO MÁS QUE AHORA. YA HEMOS ACABADO CON EL MUY IMPOPULAR E INJUSTO MANDATO INDIVIDUAL. DE NADA!”

El doctor Anthony Fauci, uno de los mayores especialistas en enfermedades infecciosas del país, que está asesorando a la Casa Blanca, ha mostrado abiertamente su enfado con la forma en que la campaña de Trump ha sacado sus palabras de contexto  para que pareciese que estaba aplaudiendo la dirección de la administración en el tratamiento de la pandemia. Dijo que, al manipular sus palabras contra su voluntad, la campaña de Trump está, “de hecho, agrediéndome”. El enfado de Fauci no ha detenido la campaña, que hoy rompió todo precedente al utilizar la imagen del general Mark Milley (Chairman of The Joint Chiefs of Staff), en un anuncio de la campaña. La imagen fue utilizada sin el conocimiento ni el consentimiento de Milley, y viola las estrictas reglamentaciones de los militares al respecto de su participación en campañas políticas.

Un artículo en el New York Times de hoy detalla cómo la administración parece estar intentando comprar votos al insuflar dinero en objetivos electorales clave antes de la celebración de las elecciones. Trump ha dicho que iba a enviar tarjetas de 200 dólares a las personas ancianas para ayudarles a pagar sus medicamentos. También ha aprobado 13 millones de dólares de ayuda a Puerto Rico, lo que podría ayudarle a ganar votos en Florida (los políticos a menudo hacen campaña en territorios o incluso países extranjeros de los que llegan personas migrantes porque les ayuda a ganar votos en casa). Y ha requerido al Departamento de Agricultura que envíe cartas en inglés y en español en sus distribuciones de ayuda de alimentos a familias necesitadas. Cartas en las que se atribuye a Trump el mérito de “enviar alimentos nutritivos” y “salvaguardar la salud y el bienestar de nuestro ciudadanos”.

La administración también distribuirá 46.000 millones de dólares (no es una errata) a los granjeros del sur y el medio oeste norteamericano que han sido duramente golpeados por su guerra comercial con China y por el coronavirus, para intentar contrarrestar el récord de deuda agrícola acumulada y el aumento de las bancarrotas en las granjas, aunque parece que el dinero va destinado, principalmente, a las grandes explotaciones.

En lugar de emplear la presidencia para proteger los intereses de la nación, parece más bien que Trump la está utilizando como una operación financiera para beneficio de su familia. El New York Times del sábado continuaba con su serie de artículos sobre los impuestos de Trump, mostrando cómo ha transformado sus hoteles y resorts en “un sistema de tráfico de influencias presidencial sin rival en la política norteamericana moderna”. Bajo una terrible presión financiera, el presidente utilizó el cargo para llenarse los bolsillos. Políticos extranjeros, hombres de negocios y especuladores en busca de contratos a nivel nacional han celebrado fastuosos eventos de recaudación de fondos para la campaña de Trump, o han comprado membresías de las propiedades de Trump ( la cuota de membresía de Mar-to-Lago ha subido a 250.000 dólares), actos en los que el propio Trump suele estar presente para ayudarles a conseguir lo que desean.

Echando un vistazo al expediente de Trump para menoscabar nuestra democracia, aunque solo sea en el día de hoy, uno se pregunta qué es exactamente lo que quiere decir con “educación patriótica”, y quiénes son exactamente los “activistas radicales” que está atacando por no celebrar el “milagro de nuestra fundación”.

La cuestión es la siguiente: los historiadores no están denigrando a la nación cuando destapan los aspectos más sórdidos de nuestro pasado. Los historiadores estudian el cómo y el porqué de la transformación de nuestras sociedades. Cuando buceamos en el pasado observamos patrones que nunca esclarecen el presente por completo, pero que nos aportan ideas sobre cómo la gente se ha enfrentado en el pasado a circunstancias que se parecen mucho a las del presente. Con suerte, la observación de dichos patrones nos ayuda a tomar mejores decisiones en nuestras propias vidas, las de nuestras comunidades, y el rumbo de la nación en su presente. Tal y como algunos dicen, la historia no se repite a sí misma, pero a menudo termina por rimar.

Si queremos ofrecer una imagen precisa de cómo funciona una sociedad, los historiadores tenemos que examinarla de forma sincera. Esto significa ver tanto lo malo como lo bueno, porque, al fin y al cabo, toda sociedad humana va a estar compuesta de ambos. A veces, las acciones virtuosas provocan el cambio, y en otras ocasiones es la corrupción la que lo hace. La heroica negativa de George Washington a ser coronado rey no es más cierta que su acción de esclavizar a otros seres humanos, pero ambas transformaron nuestra nación en formas que necesitamos entender si queremos tomar buenas decisiones sobre cómo cuidar de nuestra propia sociedad.

La historia, en cambio, es diferente de sus conmemoraciones. La historia es lo que ocurrió en el pasado, y la conmemoración es un acto de presente. Levantamos estatuas y celebramos días de fiesta para honrar a figuras del pasado que representan alguna cualidad que todos admiramos. Pero, a medida que la sociedad cambia, las cualidades que admiramos cambian también. En la segunda década del siglo XX, Cristóbal Colón tenía importancia para los norteamericanos que se oponían al Ku Klux Klan porque les parecía que su imagen representaba la de una sociedad multicultural. Ahora, sin embargo, lo que la imagen de Colón representa es la devastación de la gente indígena de América a manos de colonizadores europeos que importaron gérmenes y una fiebre de Dios y de oro en ambos hemisferios. Querer reivindicar un sistema de valores diferente al que teníamos hace cien años no es “activismo radical”.

Lo que sí es activismo radical, en cambio, es intentar distorsionar la historia al servicio de una narrativa política contemporánea. Rechazar una revisión sincera del pasado hace imposible reconocer correctamente los patrones recurrentes. Las lecciones que aprendamos sobre la transformación de la sociedad serán falsas, y las decisiones que tomemos basadas en esos falsos patrones no estarán enraizadas en realidad alguna.

Y una nación enraizada en la ficción, más que en la realidad, no funciona.

Inuitartatroz

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