Bullían de excitación las aulas

Esta página es un acto de agradecimiento a la labor del diputado Pablo Echenique.

Su intervención en el Pleno de comparecencia del Gobierno para la prorrogación del estado de alarma hasta el 11 de abril en España fue, por su contenido, tono y propuestas, una necesaria dosis de cordura en el pesado ambiente del anfiteatro medio vacío del Congreso de los Diputados. Especialmente después de la intervención de Abascal, el representante de la ultraderecha, que tras su discurso dejaba en el salón, como de costumbre, un desagradable olor a ciénaga.

Pero Echenique, que es un sabio, no ha necesitado increpar a nadie para traer la razón y el sentido común de vuelta. Nada mas ha llegado al púlpito de oradores con su escoba y con su pala. Lo primero que ha hecho ha sido, con paciencia, retirar el tordo negro de Abascal, no sin dejar de mostrar su desagrado hacia la caquita que también había abandonado Casado, el gran ideólogo de un nuevo monumento en Madrid, en honor a los caídos por la pandemia.

Ha dirigido sus palabras Echenique primero hacia esos políticos irresponsables, que tan prestos ponen en su boca el nombre de los muertos, como nigromantes, para exponer su hasta el momento nula oferta de soluciones al respecto. Y no las han ofrecido, les ha recordado Echenique, que en ese momento parecía el profesor de guardia en el patio de un colegio, sencillamente porque no saben como hacerlo. Porque no tienen ni una buena o novedosa idea conducente a la solución practica de la situación en la que todos, globalmente, nos encontramos.No le ha temblado el pulso tampoco a Echenique en dirigirse personalmente a Tordo Negro, cuya aportación ideológica mas importante ha sido la sugerencia de hacer pagar la atención sanitaria a las personas migrantes, para calificar sus fantasías racistas de “éticamente repugnantes” y “estupidas”. Es en ese momento cuando Echenique se ha presentado como científico y ha citado de forma relevante, para ilustrar el punto mas importante de su elocución, al físico danés Niels Bohr. A la postre, creador del siguiente axioma comúnmente aceptado por la ciencia: “las predicciones son muy complicadas, especialmente las del futuro”, dijo Echenique anoche, citando a Bohr. “Y todavía mas en epidemiología”, ha recordado el diputado.

Con esta suave ironía, que a nadie ataca, comenzaba el profesor Echenique su clase de matemática estadística aplicada a la epidemiología, con apéndices en ética, retórica y semiología, en el Congreso de los Diputados.
Quería, evidentemente Echenique, hacer hincapié en la herramienta de comprensión quizá mas importante a la hora de pensar esta crisis del COVID-19: su naturaleza esencialmente impredecible. Nadie sabe nada de forma categórica. Existen sin embargo, algunas certezas como, por ejemplo, que las medidas de aislamiento social parecen ser la única manera conocida de detener la expansión del contagio.

Y es en este momento cuando Echenique ha ilustrado al lego en la materia, al explicar que a día del Pleno, 25 de marzo, la curva de evolución del contagio seguía el patrón matemático de una segunda derivada. Esto significa, no solo que estaban aumentando los contagios, sino también la velocidad misma a la que estos contagios se estaban produciendo. “A día de hoy, todavía no se ve el pico de la epidemia”, dijo.

Situación, por lo tanto, de incertidumbre, “en epidemiología, no existen las certezas”, ante la que el diputado ha invocado crucialmente la máxima de la unidad, el trabajo común y la racionalidad que hacen falta “para salir de esta”. Y para ello ha reiterado de forma leal y voluntariosa su compromiso con el presidente y su apoyo al ministro de Sanidad.

Al retirarse, aplaudido por ese hemiciclo que lo mismo parecía una película de ciencia ficción que quizá una boca desdentada, hemos visto que Sanchez le decía algo a Iglesias, algo muy breve que a mi me ha sonado a “que bueno es este tío!”. Iglesias entonces le ha empezado a contar una historia a Sanchez, historia que este parecía no escuchar, como si estuviese muy lejos, o aturdido. Se tapaba la boca el presidente y miraba fijamente la tribuna de oradores con una expresión reconcentrada en el entrecejo.

“Gracias Pablo Echenique”.

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