Socialismo 2017 (primera parte)

Socialism 2017 fue un ciclo de conferencias sobre temas de política internacional, ecología, y activismo social, de inspiración marxista y anticapitalista que se celebró en la ciudad de Chicago, los días 6 al 9 de julio.

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Trabajador del gremio de carpinteros en huelga por un contrato (Chicago, 6 de lulio, 2017)

El día cinco por la noche tomé el autobús nocturno desde Omaha, salimos a las ocho y media, casi con el crepúsculo. Las estaciones de autobús en las que he estado hasta el momento en los Estados Unidos son sucias, pequeñas, extrañas y desconcertantes. El precio del billete de avión es tres veces más caro. El que va en autobús no suele tener coche. El que no tiene coche es, por lo general, un bicho raro.

El conductor del autobús da muestras de un sensacional sentido del humor y un talante insobornable para hacer cumplir la ley y el orden entre sus pasajeros. Más que anunciar, “canta” las normas del viajero con un soniquete de locutor de radio fórmula y nos avisa de que no le va a temblar el pulso para dejar a quien incumpla dichas reglas en la cuneta durante cualquier punto del recorrido. Como parecen normas de sentido común, no me da por incomodarme: no beber (alcohol), no fumar, no escupir, no insultar, no molestar a nadie con el sonido de tus propias conversaciones y no hablar de política mientras te comes el bocadillo. Empiezo a acostumbrarme a esta tendencia americana de reglamentar el sentido común de palabra y por escrito.

Única parada en ruta: Des Moines, Iowa.

Llegamos a Chicago a las cinco de la mañana, y el sueño en el autobús, como era de esperar, ha sido deficiente. Las ganas de estar en Chicago, sin embargo, superan al sueño. Bajo del autobús, y me despido de mi conductor. La estación de autobuses de Chicago no es ninguna excepción a la regla de las otras estaciones de autobuses americanas que hasta el momento he visitado: es pequeña, sucia, extraña y desconcertante. En la cafetería, una muchacha se afana echando pedazos de bacón y huevo a una plancha. Pido un café con leche y una madalena y me pongo a examinar la ruta hasta el hotel. Quiero llegar hasta allí, si es posible, caminando, para tener la oportunidad de ver un poco Chicago, ya que me propongo concentrarme en el hotel durante tres días, para poder escribir esta crónica del Congreso.

Observo la ruta y tomo mi café. El teléfono me dice que son 58 minutos andando, cuatro kilómetros y medio. Son las seis de la mañana, teniendo en cuenta que me lo tomo con calma, que llevo una maleta, y que no tengo prisa, podría llegar al hotel a mediodía. La primera conferencia del congreso comienza a la una.

Salgo la luz del sol. Quiero ver Chicago. No me decepciona nada de lo que a primera vista veo. Observo con buen agrado bicicletas surcando los carriles de un paisaje mega-urbano en el que se superponen los rascacielos y los edificios de ladrillo rojo, las vías férreas, las alcantarillas y los tendidos eléctricos acostumbrados. Alto, ¿que es esto? Vía sobre vía se superponen las carreteras elevadas, Chicago funciona en suspensión, los automóviles avanzan como por el aire, en varias direcciones. Estoy en el entramado de vías elevadas del que parte la interestatal 290, el Loop, o distrito financiero de Chicago. Si uno entorna los ojos casi es agradable tanto aéreo movimiento

Pero no puedo entretenerme demasiado, mi ruta toma dirección sureste, por West Harrison y Canal St. hasta la 18, cruzar el Olgive, a través de Chinatown, y llegar al hotel.

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Chicago Board of Trade

En el camino sintonizo emisoras de radio local. La música dance resulta ser buena para este espíritu. Reconozco el mismo tono y actitud de mi conductor en los locutores. Primeras multitudes y mareas de personas en Canal Street. Velocidad frenética. Trenes en pasos elevados, los edificios se verticalizan dramáticamente y parecen echarse el uno sobre el otro, imponiendo una pequeñez de esclavo en el transeúnte. Hay un ambiente faraónico de pirámide y hormigueo humano que, al ritmo de la música dance se convierte en algo casi, divertido. Metrópolis. Fritz Lang. “No mires a los ojos de la gente”.

De alguna manera, empujado por la energía de la marea, llego al hotel. La primera ponencia comienza a la una. Aún hay tiempo para una breve siesta.

El congreso coincidía con la celebración de los Warrior games, una suerte de juegos paralímpicos para veteranos del ejército, heridos o mutilados en acto de guerra. Los organizadores del congreso pidieron respeto para el espacio de los atletas en cada una de las sesiones de conferencias. Después, ya metidos en harina, se criticó al ejército, a la policía y a cualquier otro cuerpo de seguridad al servicio del gobierno de cualquier nación, pero en especial, al de los Estados Unidos. Como no puede ser de otra manera, en un congreso de estas características.

El ambiente en los pasillos, en el bar y en los vestíbulos del hotel fue muy animado, se apreciaba una nerviosa jovialidad, mucha gente joven, nervios por distribuir bien el tiempo. Algunos aprovecharon para ganarse unos dólares poniendo tenderetes improvisados en los pasillos. Se vendían chapas, bandoleras y camisetas con eslóganes y efigies de revolucionarios al uso. Algún muchacho, no sin falta de sentido del humor, apareció disfrazado del Che Guevara.

Anécdotas aparte, la diversidad en el ambiente sugería que la comprensión nuevo milenio del socialismo, al menos en su vertiente americana, poco tiene que ver con la imposición de un modelo único de corte de pelo a la Kim Jong-un.

Haymarket Books había montado una gran librería en una de las salas del hotel. Todos los libros publicados por Haymarket tenían un descuento del 40%. La librería tuvo un gran éxito. Se vendieron muchos libros. Vi a mucha gente con la “Historia de la revolución rusa” de Trostky bajo el brazo, encuadernada en imitación de piel y con tipos dorados. Posiblemente el best-seller del congreso.

El programa de conferencias se repartía a lo largo del día en cinco bloques horarios. En cada bloque se simultaneaban ocho conferencias. Con frecuencia resultaba difícil elegir a qué conferencia asistir, dada la abundancia de temas interesantes y el atractivo de los oradores representados. Había incluso una app a tu disposición para programar tu esquema particular de conferencias, si es que de verdad hace falta una app para tal cosa. (Para ver la lista completa de conferencias visitar http//socialismconference.org).

De modo que es difícil que la experiencia de dos asistentes al congreso se parezca en modo alguno, y esta es la razón de que me haya animado a escribir este artículo, en el que pongo muy poco de mi parte e imaginación y me dedico, más bien, a traducir e intentar comunicar el mensaje principal de los oradores en cada una de las conferencias. Espero que las referencias que se proporcionaron, y que aquí incluyo, puedan ser del interés del lector para ampliar sus conocimientos respecto a cada uno de los temas representados. He estructurado el articulo en tres partes que coinciden con cada uno de los tres días a los que yo asistí. A continuación expongo lo visto y oído en el programa del jueves, 6 de julio. Allá vamos:

Jueves, 6 de Julio, Su Ciencia y la Nuestra, No Solo lo que Ganas, Siria y la Izquierda.

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1pm-2:30 pm Their science and ours: STEM workers resistance and the fight against Trump’s war on science (“Su ciencia y la nuestra: la resistencia de los trabajadores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, y su lucha en la guerra de Trump contra la ciencia”, por Chris Dols y Bekah Ward.

Ward ofreció una charla combativa pero cargada de buen humor, en la que denunció la invención de argumentos científicos como los de la “elite cognitiva” o el determinismo biológico al servicio de ideologías racistas y grupos de interés clasista, para después poner el énfasis en la falta de consistencia científica de los argumentos de “The Donald” Trump en su rechazo de medidas para paliar los efectos del cambio climático. Trump no solo ha calificado el fenómeno literalmente como de “cuento chino” y se ha desmarcado de cualquier iniciativa para luchar contra el fenómeno, sino que se propone reducir dramáticamente el presupuesto de la Agencia de Protección Medioambiental norteamericana y, en un acto grotesco de manipulación descarada de la realidad, ha camuflado los datos que hasta el momento venía ofreciendo dicha agencia para enmascarar el fenómeno acorde a su interesada visión. Un acto contra el que numerosas ciudades de los EEUU se han revelado de forma particular y en solidaridad con los científicos de dicha agencia, ofreciendo los datos originales en sus respectivas páginas (ver, como ejemplo, la información sobre el cambio climático proporcionada por la alcaldía de San Francisco (http://epaclimatechange.sfgov.org/) .

La ponente también destacó los esfuerzos de grupos como 314 action (www.314.org) y la plataforma Science for the people (www.scienceforthepeople.ca) que, a través de sus páginas y podcasts desarrollan una actividad de difusión científica y de concienciación política dirigida a la “comunidad silenciosa”, que comparte ideas humanistas y de progreso, pero que se abstiene de pronunciarlas.

Por su parte, Chris Dols desarrolló un debate sobre la cuestión del carácter ideológico de la ciencia, ilustrado con el ejemplo de la publicación “Science for the people” (no confundir con la plataforma del mismo nombre) que, desde el año 1970 hasta 1989 desarrolló una labor de difusión científica de ideología progresista, implicando para ello a distintos sectores de la sociedad. No hay ciencia independiente de la ideología o la acción política, parecía decirnos, precisamente por el carácter humano de la ciencia, cuyos trabajadores se ven obligados a reaccionar cuando las fuerzas económicas de las que depende influyen en su actividad a través de conceptos como la propiedad intelectual (que entorpece el acceso de otros científicos y por lo tanto de los ciudadanos en su conjunto a los resultados derivados de una investigación)  o el de la división del trabajo y los trabajadores en categorías “manuales” e “intelectuales”.

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Al final de la charla, el público asistente aportó interesantes perspectivas a la discusión, ofreciendo ejemplos de organizaciones como la “Coalición de trabajadores tecnológicos” (tech-workers coalition) de la Bahía de San Francisco, que aglutina no solo a ingenieros sino a trabajadores de diversos ámbitos de la tecnología, representantes de fuerzas y organizaciones sociales y, en general, personas relacionadas con un propósito, con el objetivo de desarrollar ideas sobre activismo, educación y, en general, implicación cívica, a través de distintos proyectos (https://techworkerscoalition.org/).

3pm-4:30pm Después de esta charla, que resultó ser un buen calentamiento para el sistema cognitivo,  me proponía asistir a Mapping the enemy: What is the Alt-Right? (“Localizando al enemigo: ¿Qué es la derecha alternativa?”) de Katie Feyh, sin embargo, el tema demostró ser del interés de muchos de los asistentes, puesto que me encontré con el aforo de la sala al completo, de modo que, algo decepcionado conmigo mismo por no haber sido más puntual, me metí en Not just your pay grade: How do Marxist understand Class? (“No es solo lo que ganas, ¿cómo entienden los Marxistas la pertenencia de clase?”, de David Whitehouse, integrada en el bloque: A user’s guide to Marxism (“Una guía práctica del Marxismo”).

David Whitehouse es un orador quizá un tanto árido, pero no puede negarse su profundo conocimiento del sistema teórico marxista, no en vano ha sido editor y colaborador habitual en temas de Asia y África de International Socialist Review. El orador hizo referencia al clásico de Marx, prologado y traducido por Engels, “Trabajo asalariado y Capital” (1847), que recomendó como lectura de referencia, y puso el énfasis de la charla en la destilación de las características definitorias que comparten los miembros de la clase trabajadora.

Según el esquema marxista, a la “clase trabajadora”, como nos recordó el ponente, pertenecen aquellos que no tienen posibilidad de acceso a los medios de producción, esta condición, junto a la existencia de un propósito común, de un determinado “ethos”, es lo que define a los miembros de la clase trabajadora. De modo que la pertenencia a una determinada clase nada tiene que ver con la mayor o menor generosidad del sueldo que se está cobrando.

Esta discusión propició una animada discusión entre el publico asistente sobre si deportistas multimillonarios como Lebron James deberían ser considerados, o no, “clase trabajadora”. También hubo referencias a la común controversia de si colectivos de trabajadores “intelectuales”, como el de los profesores, pertenecen a la clase trabajadora, llegándose a un consenso general afirmativo, y recordándose el papel que los profesores han jugado en ese “objetivo común” de lucha por la justicia social, con ejemplos como el de la huelga de profesores en Chicago, en 2012.

Whitehouse también hablo de las dificultades con las que los trabajadores se encuentran a la hora de identificarse como miembros de una misma clase, como el efecto negativo que provoca la competitividad, estimulada desde la órbita capitalista a través de, por ejemplo, el omnipresente miedo al desempleo: “siempre presente en la vida del trabajador, como mínimo en forma de amenaza”, dijo Whitehouse.

Otro punto controvertido del discurso de Whitehouse fue el de la descripción de la policía como un caso de “inclusión subterránea” en la clase trabajadora con el fin específico de actuar como “fuerza de represión” de los trabajadores en la lucha por la mejora de las condiciones de su clase. El orador afirmó que, no por casualidad, son los propios descendientes de los colectivos reprimidos los que, posteriormente, pasan a engrosar las filas de la policía, mencionando para ello el ejemplo de los irlandeses, primeras víctimas de la violencia policial en la represión de las huelgas de trabajadores de principios de siglo en los Estados Unidos.

6:30-8pm Con algo más de comprensión de la conciencia de clase ya pude asistir, tras un reparador descanso de dos horas, a la última conferencia del día, Syria and the Left, (“Siria y la izquierda”), impartida por Yusef Khalil.

Khalil hizo un repaso exhaustivo de la conflictiva historia de Siria en el siglo XX hasta nuestros días, para dejar claro el mensaje fundamental de su comunicación: el régimen de Basaar al-Asaad  es una dictadura sanguinaria y fascista, miembro por derecho propio de una tradición más amplia en el mundo árabe: la imposición de un capitalismo neoliberal salvaje sin libertades políticas ni sociales. Las actitudes de ciertos sectores de la izquierda occidental que toman partido por el régimen de Al-Asaad, su ejército y el de Rusia, basándose en argumentos antiimperialistas heredados de la guerra fría ignoran la simple realidad fundamental del conflicto: la masacre del pueblo sirio a manos de Al-Asaad.

Khalil recomendó algunas lecturas interesantes para comprender la complicada situación de oriente medio y de la guerra en Siria, como Morbid Symptoms, relapse in the Arab uprising, de Gilbert Achcar, Lineages of Revolt, issues of contemporary capitalism in the Middle East, de Adam Hanieh y, especialmente, Burning Country, Syrians in revolution and war (“País en llamas, los sirios en la revolución y en la guerra”) de Robin Yassin-Kassar y Leila Al-Shami.

Esta última crónica es la detallada cadena de acontecimientos que han desembocado en la actual situación de guerra civil en Siria. El lector puede hacer su propia composición de lugar, pero es inevitable establecer una línea descendente de causas y efectos entre las políticas coloniales de occidente en Oriente Medio a principios del XX, la instauración de una dictadura militar que ha utilizado el factor islámico a conveniencia, y un cambio de actitud drástico en la sociedad siria, desde la relativa indiferencia por la participación política, hasta los acontecimientos y manifestaciones de protesta instigados por la primavera árabe de 2011. Es especialmente interesante observar el auge de ciertos movimientos islamistas, en parte como respuesta bélica a la guerra de Al-Asaad contra su pueblo, empeorada por la pasividad de la comunidad internacional a la hora de ofrecer ayuda a la población siria, especialmente después de los ataques con gas sarín en Damasco en agosto de 2013. Determinados pasajes del libro, como el que sigue a continuación, dan una idea de cuáles fueron las actitudes del régimen en su represión de las pacíficas protestas de los ciudadanos en los albores de la primavera árabe, y de cómo la represión salvaje de aquellas protestas derivó en la tragedia de la guerra y la diáspora siria que conocemos:

“En la ciudad de Deraa, centro catalizador de la revolución, (…), quince escolares, todos ellos menores de quince años y todos pertenecientes a familias prominentes, fueron arrestados el 6 de marzo (de 2011) por pintar grafitis en las paredes con las proclamas revolucionarias que habían oído cantar en las calles de Túnez y Egipto. Los muchachos fueron torturados tras su detención, se les arrancaron las uñas. Cuando los padres fueron a suplicar su liberación al jefe de la policía política -un primo del presidente llamado Atef Najib, este les dijo: “Olvidaos de vuestros hijos. Volved a la cama con vuestras mujeres y haced otros, o mandádmelas a mi y los hare yo por vosotros”. Varios miles de familiares y simpatizantes se reunieron frente a la mezquita de Omari en el barrio de Balad el 18 de marzo, pidiendo la liberación de los muchachos, la dimisión de Atef Najib y del alcalde de la ciudad. Las fuerzas de seguridad contestaron con cañones de agua y munición real, matando por lo menos a cuatro personas, las primeras victimas del alzamiento. Al día siguiente el funeral por las víctimas se convirtió en una manifestación en masa en la que se cantaba “El que asesina a su pueblo es un traidor”. Hubo más víctimas. En una táctica que se iba a convertir en rutinaria, las fuerzas de seguridad ocuparon el hospital más próximo, y los heridos que allí llegaban eran detenidos, o se les disparaba. Los residentes utilizaron la mezquita de Omari como hospital improvisado”.  (38)

Hubo un comentario que merece ser destacado en el coloquio público que siguió a la exposición de Khalil. un joven sirio, refugiado de guerra en los EEUU,  comentó cómo muchos americanos le preguntaban de que manera se podía apoyar a los sirios. A esto, el joven argumentó que la mejor manera de ofrecer apoyo a los refugiados era con el conocimiento, hablando con ellos, interesándose por su situación presente, indagando en el conocimiento de las causas del problema, demasiado complejo como para ser reducido, como desearía la dictadura siria, a un problema de terrorismo islámico o, menos todavía, a una tensión de fuerzas entre bloques internacionales.

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(continuará)

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